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MEMORIAL: EL BURRO, LA JERGA Y ALGO MÁS

Por: Deison Luis Dimas Hoyos. l 23 de Abril de 2015

El burro y la burra son seres en este mundo insignes de nuestra originalidad e idiosincrasia Caribe. No obstante, a pesar de su destacada importancia histórica para el desarrollo rural, el transporte de carga y en el despertar de la inventiva artística, su realidad es preocupante, dado que, por diversas circunstancias ha sobrellevado un proceso de extinción de nuestros paisajes rurales.  De hecho, las estadísticas oficiales así lo confirman: Según la Encuesta Nacional Agropecuaria en 1995 existía un inventario de ganado asnal de 319.316 cabezas a nivel nacional (144 mil  burras y 224 mil burros). Esa misma operación estadística indica que en 2013 en el país había 63.333 burros y burras, es decir, una disminución de 80%, ósea, el reflejo hasta hoy oculto de su desaparición.   

Esta preocupante situación nos lleva a reflexionar y a empezar a plasmar el legado del burro y la burra desde muchas aristas comunicativas. En esta ocasión, y con motivo del día del idioma, de la importancia que recobra el burro como elemento coloquial del lenguaje común de nuestra sociedad; aunque es bien sabido, que el burro figura en muchos otros aspectos cotidianos: la música, los festivales, el arte, las manifestaciones, la gastronomía, etc.

Para empezar, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, el burro es un mamífero cuadrúpedo doméstico más pequeño que el caballo, con grandes orejas, cola larga y pelo áspero y grisáceo; por ser muy resistente se usa para trabajos en el campo y para la carga. No obstante, también se aplica a la persona que es torpe, poco inteligente o de escasa formación y a la persona que hace un uso excesivo de la fuerza física, es violento o tiene malos modos.

Imagen: De la Internet

El apelativo degradante que se cierne alrededor de la palabra burro ha prevalecido más que la importancia socio-histórica y biológica del mismo animal; para muchos esta degradación se asocia a su cara de tristeza y terquedad, y para otros, a que sus trabajos se asocian a clases bajas de la sociedad; es decir, se es burro si se es terco, triste y prole.

Para desvirtuar la mala fama del burro, Sergio Parra, editor de la revista Xakataciencia, dice que este animal tiene ciertas cualidades a resaltar: posee 62 cromosomas, 16 más que los seres humanos; la leche de burra es rica en carbohidratos con propiedades inmuno-estimulantes; los burros son animales muy valientes pues no se asustan ni con un león; y con los burros nació el comercio debido a su docilidad para la carga.

De igual forma el burro se asocia a la sabiduría. En el blog El Talón de Aquiles se destaca que en las fabulas de Esopo y Fedro se identifica al burro como un animal que suele llegar a viejo y por eso representa a la sabiduría.[1]

Otra de las virtudes del burro es su utilidad para el cuidado y tratamiento de personas con problemas  físicos y mentales, lo que en algunas partes se conoce como la “asno-terapia”. Según la ciencia médica, el contacto habitual con los asnos mejora el equilibrio, contribuye al desarrollo de los músculos finos, estimula el vocabulario en los niños y reduce la falta de atención.

En nuestra jerga popular el burro es muy importante. En muchas regiones del Caribe una persona drogadicta se le considera “burro” por estar inhalando o fumando algún alucinógeno, o lo que en coloquiales términos se conoce como vicio, marimba, vareta, marachachafa o perico.

“Señor Burro, esto no es San Antero. Vaya a  fumar su marimba a otro lado” :Letrero pintado en uno de los árboles del parque de la Virgen en la Urbanización San Pedro en Cartagena Bolívar.

En este mismo ámbito de ilegalidad, en México los burros son aquellas personas que contrabandean un producto o son utilizados en el transporte de drogas a otros países, lo que en Colombia se conoce como mula.

En el arte de la gastronomía el burro cobra mucha significancia. En México el burrito es un taco o tortilla de harina de trigo enrollada en forma de oreja de burro que cubre carne y frijoles fritos. Más lejos, de la tierra de la pizza y el espagueti proviene la pasta al burro, que no es más que pastas con mantequilla, dado que mantequilla significa burro en italiano.

Siguiendo con la jerga gastronómica, los habitantes del interior del país sí que son muy burreros, pues comen burro por montón. En efecto, es muy común escuchar en las tiendas de barrio esta particular frase: “vecino, véndame 1.000 pesos de burro”, refiriéndose al salchichón cervecero que muchos tenderos venden por pedazos al son de alimentar o calmar el hambre de sus clientelas, al maridaje de una gaseosa, cerveza o pan. De hecho, en una conversación en Bogotá con mi amigo el tendero German Caballero, me dice que al salchichón le echan carne de burro revuelta con res y que sus clientes les gusta tanto que se lo comen con pan. En este mismo contertulio, para el popular Toño Buitrago, otro tendero de la capital, saber que el salchichón es preparado con carne de burro pasó de ser un mito a una realidad, la clientela lo pide como burro, se lo comen con pan y cerveza, y su gusto es tal al paladar que se comen dos barras de burro al día.

Foto. German, tendero en Bogotá. Archivo CEPSCA

Nuestra forma de relacionarnos y entendernos en sociedad le da un valor socio-lingüístico muy valioso al burro. De hecho, el burro/a es uno de los animales de mayor protagonismo en los refranes y dichos populares que existen en toda la bolita del mundo. Para Louis Combet (1996), profesor emérito de la Universidad de Lyon, un refrán “es una frase breve y de uso común, que dispensa una enseñanza de orden práctico, material y moral, expresada en forma metafórica o a veces directa, y provista de elementos poéticos (ritmo, rima, asonancia)”   

El burro figura en muchos refranes y dichos populares. Para ejemplificar la cuestión, cuando se dice “es como pelea de tigre con burro amarra’o”: es como cuando juega la selección de futbol de Brasil, en el estadio Maracaná, con la selección suplente de San Marino. Al decir, “el burro hablando de orejas”, es como cuando un expresidente de Colombia pide aclaraciones sobre algunas interceptaciones ilegales o mermeladas, siendo él, el cofundador de las chuzadas y las ricas compotas de Agro Ingreso Seguro. Y por último, cuando se dice “la carne de burro no es transparente”, se usa frecuentemente para pedir permiso de una forma tosca y satírica.

Diagrama 1: Burros y burras, entre dichos y refranes  

El burro/a en los refranes engrosa lo que expertos lingüistas llaman la “sabiduría popular” o la “filosofía vulgar”, pues son expresiones que se atañen a la vida afectiva y a las formas de relación de los individuos en la sociedad. El burro cuaja con todo: sabiduría, vulgo, vida afectiva y, por lo general, un comportamiento que no dista mucho que el del ser humano.

Siguiendo con los refranes que popularizan al burro y a su compañera, por ejemplo, “vuelve otra vez la burra al trigo”, es para aquellas personas que repiten y repiten el mismo error, al necio, o para aquél que todavía cree que la guerra es el camino para la paz en este país.

La cuestión de los refranes y el burro tiene sus aspectos muy regionales y proverbiales. De un amigo de Neiva, Huila, escuche “de los burros solo se esperan patadas”. En Bogotá escuché la típica frase, “maestro yo, maestro el burro”, la explicación, ya saben, no es apta para el público y en horario familiar; y en mi costa Caribe, muchas alusivas, de las que me acuerdo y me ayudaron a perder mi timidez, “de pena murió un burro en Cartagena”.

Como ven, éste tan solo es el inicio de una cruzada por recobrar la importancia del burro y la burra en el desarrollo histórico de nuestra sociedad y nuestra vida; que más allá de un argumento investigativo que surge de un problema latente, el propósito y el fin es un llamado a la preservación de una especie, tal y como ya está ocurriendo en otros países, como México y España, que han visto la misma disminución y extinción del animal. Imagínense, ¿Qué sería del músico-torero el burromocho (Noel Petro) sin el apelativo de burro? ¿Qué sería del festival del burro en San Antero sin burros?  Y algo que me compete, ¿con qué molestarán a un costeño en Bogotá sin la existencia de María Casquito, la eterna compañera?

 He dicho!

Referencias

[1] http://ei-talondeaquiles.blogspot.c om/2012/01/el-burro-por-delante.html

(2) Combe.t, Luis (1996). Los refranes en la literatura. En Durango 7-XII- 1996.

*Deison Dimas es economísta de Sampués Sucre 

 

Comentarios  

+2 #3 claudia 27-09-2015 01:36
yo aporto otro dicho " maluco cuando el burro pea en bajo"
+1 #2 claudia 27-09-2015 01:31
lo malo no es comerlo, si no que los que sacrifican son los que están enfermos y con llagas podridos
+1 #1 Nohora Sanchez 24-04-2015 15:44
Hombre !!!, te faltó un refrán.. 'más terco que burro en bajada'.

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