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MEMORIAL: La Carne de Burro no es transparente (Parte III)

El Burro y  el arte musical

Por: Deison Luis Dimas Hoyos*.| 17 de Diciembre de 2015

En el mundo musical los animales hacen parte de una inmensidad de canciones, en ocasiones como metáforas y apodos, en otras, como personajes principales o secundarios de las mismas. Por ejemplo, en las rondas infantiles, vemos a elefantes balanceados con iguanas tomando café.  En el ámbito bailable pululan ejemplos: de los perros negros de Alejo Durán, a los bailes del perrito de Wilfrido Vargas; de la vaca y el toro de Diomedes Díaz en el vallenato, al toro negro, la vaca vieja y el sapo, en el porro y el fandango. Todos en la tierra, y patrullando desde aire, un gato volador, la paloma guarumera y el gavilán mayor.

Y es que lo que hoy se escucha en el mercado da para todo. Desde las felinas, lobinas y caninas del reguetón, hasta las avispas de Juan Luis Guerra. Hasta en la champeta hay animales, desde un histórico pato reservista, hasta la vaca y la pulga del cantante Melchor el Cruel. Y si el caimán se va para Barranquilla, entonces viene la perra que me iba mordiendo, perra valiente que mordió a su dueño. Así muchos ejemplos más.

Quizás la música cuando acuña en una estrofa a un animal, está abogando por ese lugar de privilegio que siempre debería tener la naturaleza en nuestra vida, pues de ella nacen los cantos, los ritmos, y todos esos avatares que hoy en día nos hacen mover el cuerpo. Pero bueno, los agasajados en este escrito, el burro y la burra, no son ajenos a este jolgorio musical.

Cuando empecé a indagar por el aporte musical del burro a la sociedad, algo me llevo a pensar que su relación con la música vendría solo por su quijada; pues la Quijada de burro es un instrumento de percusión musical, que también se le conoce como charrasca o charania. Es muy utilizado por la música afroperuana y del caribe, especialmente en Costa Rica y República Dominicana. No obstante, la relación del burro y la música no solo se limita a su quijada, va mucho más allá, a su rebuznar, al coqueteo de la burra, a su importancia a escala rural, al amor entre odios y muchas cosas más.

En ese arte musical, el burro tiene su lugar en la historia, por ejemplo, todos los años, en todas las navidades quién no ha canta’o el popular villancico el burrito sabanero compuesta por el recién fallecido compositor venezolano Hugo Blanco. Yo creo que todos.

En términos locales, la proliferación cultural y el despertar artístico entorno al burro y la burra se encuentra ligado a las áreas geográficas de su hábitat y su posicionamiento en las actividades del campo. En efecto, en el Caribe colombiano, santuario de la mayor cantidad de burros (as) en el país, ha brotado un maná de construcciones musicales, literarias y hasta poéticas en honor a este animal.

Para iniciar, basta remitirse a una hermosa época donde se apadrinaban y bautizaban los horcones de las casas y se hacían fiestas en sus honores. En ese tiempo, el burro y la burra tenían un lugar privilegiado en las realidades y cantos ‘guapachosos’ hoy menester de recuerdo.

El grupo musical insigne de nuestras sabanas de Sucre, Córdoba y Bolívar, Los Corraleros de Majagual, le dio categoría memorial al animal: En 1963, con la canción ‘El Burro Muerto’ interpretada por el aun ilustre Alfredo Gutiérrez, y dos años más tarde con ‘Mi Burrito’, del maestro Ignacio Pacheco en el álbum ‘Grito Parrandero’.

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Posteriormente el gran Aníbal Velásquez cantaría ‘La Burrita de Eliseo’. Una burra que servía “pa’ buscá la novia al monte, que hace tiempo no la ve”:

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En 1966 el maestro bolivarense Eliseo Herrera Junco, “El Rey de Trabalenguas”, plasmó poéticamente la realidad cotidiana con su canción ‘La Burrita’, y que hoy por hoy, sigue desgastando zapatillas en muchas fiestas caribes y andinas:

Ve coge el sillón y pónselo a la burrita/Pónselo a la burrita, pónselo a la burrita!

Ve coge el machete y mételo en su vainita/Mételo en su vainita, mételo en su vainita!

Ve que va a llové y el camino es culebrero/ El camino es culebrero, el camino es culebrero!

 

De la burrita pasamos al macho, al varón del monte, el burro. El gran juglar, y recién fallecido, Enrique Díaz, no se quedó atrás y le cantó al animal, con gran recelo de la modernidad, pero con toda la naturalidad y originalidad que siempre lo caracterizó:

Voy hacer un viaje/Ha recorrer el mundo/para no quemarme/yo me voy en burro/ (ii)

Oiga mi compadre/no viaje en avión/que puede quemarse/causa’el aviador/ (Bis)

Se va volando, volando, y se va volando, el avión, se va quemando, quemando, con el vapor del motor (ii)

Mi compadre se quemó, el avión ya se estrelló (ii)

Y yo en mi burrito, yo llego algún día, y llego sanito, con la vida mía. (Bis)

Canción En Mi Burrito. Compuesta por Teodoro López. Del Álbum El Paraíso de 1978. Portada, una despampanante rubia con las piernas alzadas.

El burro siguió dando palo. El cereteano Noel Petro “El burromocho”, hizo del animal su adalid y musa de inspiración. Los álbumes “Burrolandia” y “El Superburro” hicieron del burro y la burra, su rebuznar y su patalear, un show a escala nacional e internacional. Y es que el artista que le cantó al sapo, al cabeza de hacha, a Azucena, al ñato mama ron y al guayabo, nos dejó muy claro que: el burro será maluco/el burro será orejón/el burro será dientón/el burro será chiquito/ pero tiene grande…. pero tiene grande, su corazón/.

En ese mismo camino, pero con diferente antorcha comunicativa, el ilustre cordobés Máximo Jiménez y su burro leñero fueron un éxito social y revolucionario. En 1976, llegó el burro buscando liberación y la encontró en el álbum “El Burro Leñero”, el cual fue la sensación en Córdoba, Sucre y Bolívar:

“Al ver un burro cansado en una calle perdida/Quise saber su pasado y lo interrogué enseguida/Dime burro que te pasa, que estas tan peludo y triste/te botaron de tu casa, vas pirata burro hippie/……Ni hippie ni nada de eso, yo soy un burro leñero/Que a veces me ponen preso, o me botan de un potrero/:

Estrofa inicial de la canción el Burro Leñero, Autor: Leonel Gracia

La música expuesta hasta aquí es un estilo tradicional, declarativo, revolucionario y desligado, no del todo, de los aires vallenatos proveniente del Valle de Upar y de La Guajira, donde la sindéresis regional, en cuanto a identidad y conciencia es muy diferente. Yo creería que este estilo también merece y lo es, ser patrimonio inmaterial de la humanidad, que rescata la historia, la identidad campesina y el aguante ante los avatares de un mundo consumista, y además, que tiene hoy más que nunca su legado artístico, para bien de su conciencia y el engrandecer socio-cultural.

Ya en nuestros tiempos, a pesar de la transfusión rítmica musical y la entrada de sonidos foráneos, la música relacionada con el burro y la burra sigue por ahí escuchándose, claro, no con la trascendencia de otros tiempos. José Arrieta González, el popular “tío pello”, el cuentero, decimero, humorista y folclorista, que le canta a su vereda la Esperanza, a su amor Carmencita, a la yuca y hasta al peo, le canta a María Casquito, su fiel compañera, diciéndole:

 “Ayer soñaba  que yo estaba en la Esperanza, tierra donde me crié/ y vi a María Casquito, el primer amor que tuve, la que nunca olvidaré/ y estaba linda como la soñé/ su olor a burra tocó mis sentidos/cuando su tierno rabo acaricié/en el barranco donde felices fuimos/”: Canción Soñando con María Casquito, Autor: Tío Pello.

El colectivo Systema Solar le ha hecho un gran homenaje al burro. Su más reciente álbum  titulado “La revancha del burro” destaca en una de sus canciones a ella, María Casquito, que a son de despecho le dice:

“Ella se fue y no volvió más/ me dejó el alma vacía/ mi compañera en mi soledad/ mi compañera día día/ Mi burrita se fue, otra igual no encontraré”/

Hace cuatro años la canción el burro intelectual”, del cantautor Juan Samuel, fue la sensación en el Carnaval de Barranquilla. A son de merengue o algo parecido, el burro le decía la burra:

Yo me voy a preparar/me voy a poné a estudiar /ya no quiero rebuznar /yo quiero aprender hablar/ser un burro diferente/ ser un burro intelectual/.

Y así como la burra le dijo al burro, cuántos intelectuales quisieran tener tu especialidad, el humorista Lucho Chamie ha hecho distintas parodias con el burro y la burra. Caso concreto, La burromoto, que tiene como 780 adolescentes, que la persiguen y la viven correteando:

Y la parodia de Demo El gringo, relacionada con lo sucedido en la población de Turbaco, Bolívar, donde un ex alcalde quiso encartar con un burro al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama:

 

Sé que mis amigos tendrán su repertorio más amplio. Pero el mensaje es claro, mientras en aquella época donde los horcones tenían padrinos, la música tenía como espíritu e inspiración a la mujer, la naturaleza y hasta los animales; hoy el mercantilismo y la producción en masa han convertido las canciones, y la mente que las inspira, mucho más empeliculadas y materialistas.

*Economista de Sampués Sucre.

 

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