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ARTÍCULO: La “renombrada” Plaza de Majagual y “El Joe” Arroyo, El Ausente

Por: Frank Acuña Castellar*. | 15 de Febrero de 2016

Qué tienen en común las canciones: A mi Dios todo le debo, la fundillo loco, tamarindo seco, pañuelo y guayuco, amanecemos si, la moña, el macaco, la 20 caras, las mujeres, etc… No precisamente que sean todas interpretadas por un famoso cantante; sino, que en ellas, éste cantante hace mención a través de un expresivo saludo a la Plaza de Majagual, icónico sitio cultural de la ciudad de Sincelejo, y lugar éste en el que el joven Álvaro José Arroyo González, durante los años 1969 a 1973, siendo apenas un imberbe de 14 años de edad, antes de convertirse en “el Joe”, y habiendo arribado de su natal Cartagena donde su vocación de cantante no fue muy apreciada en principio; inició su carrera musical cuando su voz, carisma y estilo, tuvieron el eco necesario para reforzar tal vocación y ratificar su proyecto musical que a la postre sería su proyecto de vida.

Imagen: internet

La relación del joven cantante con Sincelejo se inicia cuando los músicos y compositores Rubén Darío Salcedo y Walter Castro, dirigían la agrupación Supercombo Los Diamantes, y requerían de una segunda voz. Y es así que en esa búsqueda se topan en Cartagena con un prometedor y muy joven cantante de nombre Álvaro José Arroyo, incorporándolo audazmente a su grupo.

Estando ya radicado en Sincelejo, participa en el Festival de la Canción Juvenil que para esas calendas organizaba la reconocida Emisora Radio Sincelejo, y que luego de ser escuchado y aplaudido, fue decisivamente apadrinado y protegido por más amigos y artistas sincelejanos durante casi 5 años; y sería en esta ciudad donde se gestaría la grabación por primera vez de su melódica voz con la canción “La murga panameña” en el LP Capullito de la citada agrupación.

Viviendo en el barrio Majagual, y siendo visitante asiduo de su particular plaza, donde, muy seguramente inspirado por las resonancias musicales que a lo lejos todavía se logran escuchar de Los Corraleros y toda su dinámica folclórica enriquecida por la excepcional cultura popular sabanera; el talento del futuro Joe Arroyo se fue direccionando acertadamente en la intención de ser un cantante y compositor sui generis en Colombia. Así pues; otros músicos, artistas y amigos como Oswaldo Calao, Jorge Gómez Jiménez, vieron en el joven Álvaro José un particular estilo que lo hacían muy interesante musicalmente; y se convirtieron en apoyo incondicional para él durante este tiempo, coincidiendo en que poseía una voz de sonero que generaba evocaciones de voces caribeñas de reconocidas orquestas de salsa y música tropical.

Fue en la Plaza de Majagual donde el adolescente Arroyo González interactuaría con la identidad e idiosincrasia sabanera, enriqueciendo contundentemente su contenido musical, a un nivel tan profundo y esencial, que la conexión con este sitio y su recordación se exaltaban de manera superlativa cuando en algunas de sus canciones que incluían puntuales acordes de cumbias, porros, fandangos y música sabanera; automáticamente, “el Joe” lanzaba el singular saludo: “en la Plaza e´ Majagual… Sincelejo”; como si experimentara un repentino deja vu que lo transportaba instintivamente a Sincelejo, al barrio Majagual y su emblemática plaza; y a una muy importante y definitiva época de su vida.

Este hecho particular del saludo y mención a Sincelejo y la Plaza de Majagual, convertiría a Joe Arroyo sin proponérselo en uno de sus principales promotores turísticos, pues con sus canciones incorporadas ya en el imaginario colectivo nacional, provocaría en sus fanáticos la inquietud de conocer en detalle, qué era la Plaza de Majagual, cómo lucía, cuál era su forma, qué había allí; en fin, una serie de preguntas sobre el sitio en cuestión y su devenir, sobre qué la hacía tan especial para que “el Joe” la nombrara reiteradamente en muchas de sus canciones, generando la curiosidad por conocer la tan “renombrada” plaza cuando visitaran Sincelejo... Sin embargo, dada la más reciente intervención arquitectónica para convertirla en la ahora llamada Plaza Cultural Majagual, y a pesar de los aciertos en un diseño y concepto pertinente, sigue careciendo de muy precisos y complementarios aspectos en su paisaje cultural, que bien concebidos y enfocados se convertirían en importantes valores agregados patrimoniales e identitarios con claros componentes asociados al turismo cultural y la competitividad territorial sincelejana  y sabanera.

Imagen: Monumento en Barranquilla. www.eluniversal.com.co

Un monumento al Joe Arroyo por ejemplo, exaltando su talento y relación con Sincelejo, especialmente su aporte por dar a conocer la Plaza de Majagual, sería una acción que más allá de embellecerla, se convertiría en un acierto estratégico de la renovada dirigencia administrativa sincelejana, en su intención de posicionar la Plaza de Majagual como un sitio con un puntual contenido cultural y turístico consecuente con su historia y dinámica social, e incluso con su propia cotidianidad. Y estoy absolutamente convencido que es, por no encontrar una palabra más adecuada en el léxico castellano, “obligatorio”, mostrar y dar reconocimiento ante las nuevas generaciones, el legado y memoria del recordado Joe Arroyo con una obra que lo perdure en el tiempo, empezando así a construir ciudadanía y reorientar el escaso sentido de pertenencia sincelejano; cimbrando los nacientes talentos musicales entre los moldes de sus propios personajes; formando niños y jóvenes orgullosos de su identidad e ídolos locales, sin necesidad de traerlos del extranjero; educando nuevas glorias en lo cultural, musical o artístico; pero, comenzando por dar la medida justa a nuestras obligaciones históricas, para saber de dónde venimos, y poder entender dónde estamos, quiénes somos y hacia dónde vamos.

*Economista, Investigador social, Gestor cultural y Consejero Departamental de Patrimonio de Sucre. 

 

 

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