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OPINIÓN: La Guerra en Siria, Geopolítica y Migraciones

Por: Guillermo Pallares*. 15 de Julio de 2016

En  el escenario internacional y del Derecho Internacional, tras el fin de la Guerra Fría y el comienzo de la globalización en 1990, han existido casos exitosos en los que numerosos conflictos regionales se han resuelto con la intervención del Derecho Internacional. Sin embargo el caso de Siria se ha convertido en claro ejemplo de lo limitado que puede llegar a ser, esa misma comunidad y ese mismo derecho, cuando los intereses económicos y políticos de las potencias mundiales se interponen o impiden la búsqueda de una solución a una confrontación que solo ha dejado desolación y un elevado número de víctimas civiles.

En Siria se ha desarrollado un conflicto interno desde 2011, y la repuesta de la comunidad internacional ha sido insuficiente e incapaz de proporcionar una salida pacífica, que brinde la posibilidad de parar el sufrimiento, el desplazamiento y las violaciones a los derechos humanos. Si bien se ha procurado desarrollar medidas efectivas para garantizar asistencia a la población siria que se ha visto obligada a desplazarse a los países vecinos, la proximidad a una profunda crisis migratoria sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial que tiene como objetivo Europa, se hace cada vez más palpable.

En el presente escrito se plantearán las causas del conflicto y el manejo que le ha dado la comunidad europea a la crisis migratoria

Antecedentes Del Conflicto

Como punto de partida es importante saber cuál era el contexto político y social del Estado sirio, para así comprender las causas de los levantamientos populares durante el periodo conocido como la “primavera árabe”, y posteriormente describir el desarrollo de la confrontación, sus actores y las secuelas.

La guerra civil en Siria inició tras las revueltas conocidas como “Primavera Árabe” a comienzos de 2011. A diferencia de algunos países árabes donde las protestas lograron el derrocamiento de regímenes totalitarios y permitieron una “democratización” de la sociedad, por ejemplo Túnez, Egipto y Libia, en Siria el poder establecido del régimen de Al Assad resistió, propiciando así una guerra que ha alcanzado dimensiones regionales e internacionales[1].  La violenta represión ejercida por las fuerzas gubernamentales sobre las movilizaciones, pacíficas en un primer momento, desencadenó dinámicas que elevaron el nivel de confrontación y la extensión de los daños. La intromisión de actores externos, estatales y no estatales, complejizó aún más el conflicto, llevándolo a un punto de estancamiento total.

Bashar Al-Assad, el Presidente de Siria, ascendió al poder después de la muerte de su padre, Hafez Al Assad en junio de 2000. Hafez había logrado gobernar el país tras un golpe de Estado en 1970, hecho que también le permitió tener el liderazgo absoluto del partido Baath (Partido Socialista Árabe), para luego expulsar del mismo a todos sus rivales políticos, poniendo en los cargos de responsabilidad y en el entramado institucional del régimen, a familiares cercanos y personas de su total confianza. Así el régimen sirio  descansaba principalmente en dos pilares: por un lado, la sólida alianza existente entre el partido Baath y las fuerzas armadas sirias, y por otro, el respaldo otorgado al mismo por la oligarquía político-económica asentada en Damasco.

Desde el gobierno de Hafez la sociedad siria vivió un ambiente político caracterizado por la represión, el sectarismo y los beneficios políticos y económicos de una elite alineada con la familia Assad. Para la población era impensado poder elegir otra opción política, en Siria las demás opciones fueron suprimidas dejando como único partido existente al Partido Socialista Árabe, asimismo la represión azotó a todos los que desafiaran el gobierno y fue así como muchos opositores de la Hermandad Musulmana, el Partido de Acción Comunista y de minorías étnico-religiosas  terminaron encarcelados, muertos o en exilio.

El gobierno de Bashar Al-Assad tampoco trajo consigo cambios reales en el sistema social, político y económico de la sociedad siria. Aunque en principio hubo cambios que permitían pensar en una apertura del régimen, como por ejemplo mayor libertad de prensa, la liberación de miles de prisioneros políticos y el accionar de algunos grupos de oposición[2], junto a la implementación de políticas neoliberales  que se tradujeron en un desarrollo económico, más no en una redistribución de la riqueza que permitiera disminuir los índices de pobreza y desigualdad[3].

Una consecuencia de lo descrito fue la despolitización de la sociedad y de los ciudadanos sirios, que a lo largo de cinco décadas de ausencia de elecciones políticas democráticas y una monopolización de todos y cada uno de los sectores de la sociedad por parte del baasizmo,  fue perdiendo poco a poco el interés por la política. Dicho de otra manera los mecanismos de control baazistas habían logrado anestesiar a la sociedad desde el punto de vista político. Sin embargo Bashar contaba con una gran popularidad si lo comparamos con los otros mandatarios depuestos durante la primavera árabe, esto ayudó a que su gobierno pudiera en principio resistir las manifestaciones en su contra.

ISIS Y OTROS ACTORES DEL CONFLICTO

La represión desproporcionada junto a la radicalización de sectores de la sociedad siria dio paso a que la confrontación se tornará cada vez más en un enfrentamiento armado, con múltiples facciones enfrentadas en principio contra el gobierno pero posteriormente luchando entre sí. Es importante tener claro cuáles son estos grupos, porque cada uno tiene su parte de responsabilidad en la comisión de crímenes contra el derecho internacional y el derecho internacional humanitario, además distinguiendo a los unos de los otros podremos saber los intereses en disputa y como eso afecta la solución a este conflicto y al drama de la población civil que sufre los rigores de la guerra.

El régimen de Bashar y sus aliados internacionales forman un bando, integrado por el Ejército Nacional Sirio (en su mayoría Alawitas, grupo étnico-religioso del que hace parte la familia Assad); Irán, Rusia, China y Hezbollah.  Por otro lado vemos  a las potencias occidentales y algunos Estados importantes de la región hacer un frente que lucha contra Al-Assad o dan apoyo a los grupos yihadistas, este frente lo componen EEUU, Francia, Inglaterra, Turquía, Arabia Saudí e Israel.

En este contexto encontramos a los grupos opositores no yihadistas, conocidos como la “oposición”, aquí tenemos al Ejercito Libre Sirio y demás grupos que se amalgamaron en lo que se denominó el Consejo Nacional Sirio - posteriormente Consejo Nacional de la Revolución Siria y la Fuerzas de Oposición-.  Por otro lado tenemos a los grupos extremistas yihadistas como el Frente Al-Nusra (grupo alineado a Al-Qaeda, creado en 2012 y con fuerte presencia en el territorio sirio); el Ejército del Islam o Jaysh al Islam creado en 2013,  que agrupa a más de 50 grupos islamistas.  También tenemos el Frente Islámico que nace en 2013  como la unión de Ahsrar Al Saam, las Brigadas Suqoor Al Shaam y Liwaa al Tawheed.

Isis lo podríamos enmarcar dentro de este último conjunto de organizaciones radicales que buscan la consolidación de un Estado bajo el imperio de la Sharia. El Estado Islámico como se conoce actualmente emerge en abril del 2013, al separarse del Frente Al-Nusra creciendo rápidamente y llegando controlar grandes extensiones de tierra en Irak y Siria. Posiblemente cuanta con unos 40000 o 50000 combatientes entre ellos muchos provenientes de países occidentales de Europa y Norteamérica. Actualmente ha ganado gran relevancia internacional debido a sus acciones terroristas en territorio Europeo y Turquía.

Este universo de facciones inmersas en la guerra Siria,  poseen intereses que se contraponen y colocan a las comunidades en estados de indefensión ante unos y otros, al tiempo  que los desampara de posibles soluciones por parte de la comunidad internacional. Esta idea podemos aterrizarla de la siguiente manera: Estados como Irán, Rusia, China brindan ayuda al gobierno, con el propósito de proteger sus intereses, así el Estado persa proporciona armas y ayuda técnica a las fuerzas armadas sirias mientras China y Rusia (el gobierno de Vladimir Putin, ha realizado bombardeos en este territorio) blindan en el campo internacional cualquier tipo de resolución por parte del Consejo de Seguridad que busque una intervención en Siria.  Por otro lado las potencias occidentales buscan frenar el avance y crecimiento de las organizaciones radicales islámicas, por ende realizan bombardeos y financian a los grupos menos extremistas que luchan en contra del gobierno y los grupos yihadistas; y países como Arabia Saudí y Qatar financian a los radicales para derrocar al régimen en Damasco.

Lo descrito deja ver que el modo en que se desarrolla la geopolítica sólo afecta a los civiles que padecen los resultados de las acciones de cada bando, igualmente permite observar como la comunidad internacional en general es incapaz de frenar o terminar la violación de los derechos humanos y proteger[4] a los civiles, colocando en tela de juicio la función de organismos como la ONU y su Consejo de Seguridad.

LOS REFUGIADOS

La reacción de la comunidad internacional ante la grave crisis humanitaria que afronta la población siria, ha demostrado una realidad que muchos no quieren ver, esa no es otra, que la existencia de unos ciudadanos de segunda, que poco importa si sufren por las acciones de grupos radicales y la respuesta de las elites  Europeas y Norteamericana, que sólo actúan bajo el propósito de alcanzar sus intereses políticos y económicos. Así es como al día de hoy la mayoría de las potencias se muestran indolentes e incapaces de brindar ayuda que modifique la realidad de más de 4 millones de sirios que se han desplazado a países vecinos y a los cerca de 6.6 millones desplazados dentro de la nación árabe. La respuesta europea a la crisis de refugiados sirios es de contrastes, ya que si bien los estados miembros de la UE y demás han sido líderes a nivel mundial cuando este tipo de situaciones se presentan, su política se ha enfocado primordialmente en mantenerlos limitados en la periferia europea como son los Balcanes, Grecia, Turquía y demás países vecinos a siria,  ofreciendo ayuda monetaria en esa región, pero sin desanimar la maquinaria de guerra y la confrontación a los grupos yihadistas. Claro que no podemos poner a toda la sociedad europea dentro de ese costal, pues  organizaciones no gubernamentales han procurado ayudar en la medida de lo posible, en lo que respecta a mitigar problemas del momento tales como son la vivienda y la alimentación:

Miles viven en edificios sin terminar. Estos edificios otorgan una protección mínima de la intemperie: un techo y las paredes, pero con frecuencia no tienen ventanas, puertas o instalaciones sanitarias. En muchas de estas zonas las temperaturas caen bajo cero en el invierno. Algunas agencias de ayuda están llevando a cabo programas para sellar estas viviendas cubriendo las ventanas, fijando las puertas, etc. Esto lleva tiempo y es caro, ya que cada edificio debe ser identificado y renovado individualmente (…) El Programa Mundial de Alimentos está implementando un programa a gran escala de cupones de alimentos y otras organizaciones están ofreciendo artículos para el hogar y asistencia con dinero en efectivo. Algunos organismos gestionan programas de creación de trabajo y capacitación.”[5]

De acuerdo a los datos revelados por la Comisión Europea y la ACNUR, para el 3er trimestre del año 2015 a Turquía  habían llegado 1.938.999 sirios en los últimos cuatro años, en el Líbano habían entrado 1.113.000 y Jordania alberga a 629.666,  mientras  que la UE lucha y analiza donde ubicar los 120.000 beneficiarios de asilo a los que planea aceptar en los próximos dos años, como se puede observar en la siguiente figura[6]:

Es de admirar el ejemplo del Líbano, que para lo corrido del 2016 alberga alrededor de 1067785 refugiados sirios frente a unos 98,783 que han encontrado asilo en Alemania y los 7033 que ha albergado Inglaterra,  también se debe reconocer a otros países de la región como Jordania y Turquía que han sido receptores tanto de población siria, al igual que de personas proveniente de Irak.

Este panorama nos presenta un escenario que desenmascara la imagen de supuestos defensores de los derechos humanos que esgrime la ONU, el Consejo de Seguridad y de la Comisión Europea para los Derechos Humanos. Al mismo tiempo abre un fuerte debate acerca de la instrumentalización que padece tanto el DIH como los DDHH por parte de las potencias del hemisferio norte, y la impotencia del resto de Estados y sociedades, a la hora de exigir acciones contundentes para frenar el sufrimiento de seres humanos que padecen los rigores de la guerra y todas las vejaciones que nos podamos imaginar. 

Fuente: ACNUR[1]

Conclusión:

La crisis  en Siria no puede seguir siendo analizada como un problema local o regional,  debemos dejar de verlo como un problema entre  el islam y occidente o si se quiere, entre radicales que sólo quieren constituir una sociedad antidemocrática y atrasada, y una coalición de potencias occidentales que busca librar a la humanidad de la amenaza terrorista y la consolidación de la democracia en el medio oriente.

No más soluciones exiguas que intentan hallar la respuesta a través de fondos económicos para solventar la ayuda humanitaria, ya sea proveniente de Estados, ONU u organizaciones independientes, pues ésta va a seguir siendo insuficiente si no se soluciona el problema de migración masiva de sirios y la defensa de los derechos humanos.  Ahora bien, la solución tampoco puede estar dirigida a la formulación de políticas anti inmigrantes que vulneren normas de derecho internacional entre ellas, la obligatoria remisión al país de origen sin que existan plenas garantías de no repetición, o a sometimientos humillantes y/o degradantes mientras se tenga la calidad de refugiado.

La no terminación del conflicto coloca a las organizaciones humanitarias y la ayuda que éstas puedan brindar, en una situación de ineficiencia e insuficiencia, por llamarlo de alguna manera. Debido a la poca maniobrabilidad de la que disponen en un escenario donde los actores armados no están dispuestos a cumplir normas internacionales, que faciliten la puesta en marcha de acciones humanitarias a favor de la sociedad civil.

Si la comunidad internacional pretende un mundo en armonía, deben empezar a dejar de lado sus intereses y defender realmente los derechos humanos y el derecho internacional humanitario.

Notas:

[1] http://www.acnur.org/que-hace/respuesta-a-emergencias/emergencia-en-siria/

[1]El conflicto sirio es mucho más que una guerra civil, ya que sobre ese ta­blero estratégico se está jugando una partida por la hegemonía regional entre Irán, Arabia Saudí, Catar y Turquía; pero en el que también se en­cuentran implicados, entre otros, Estados Unidos, Rusia, Líbano, Jordania e Israel. No obstante, es importante resaltar que, aunque los apoyos ex­ternos a ambos bandos tienen una base de afinidad sectaria, en realidad se fundamentan en la defensa de los respectivos intereses geopolíticos. Las implicaciones que este hecho tiene para los países vecinos de Si­ria son profundas”. Ver: CONDE, Gilberto: El Callejón Sin Salida: Insurrección, Represión, Ideología y Guerra Civil en Siria, en Revista Foro Internacional.  NO 54, 2014.

[2]  En Siria no existen partidos de oposición libres y autónomos que puedan participar en el juego político. Los pocos partidos nacionalistas o de izquierdas tolerados por las autoridades  están desacreditados desde el momento que aceptaron las reglas de juego del partido Baaz por medio del Frente Nacional Progresista, para mostrar una supuesta pluralidad del sistema político.

[3]La liberalización incompleta de la economía permitió al régimen mantener un discurso populista y social frente al conjunto de la población, lo que le aportaba hasta el inicio de la revuelta una cierta credibilidad y estabilidad. Aunque las diferencias entre los ricos y los pobres habían aumentado en los últimos años, el poder no ha desmantelado aun completamente los mecanismos que aseguraban una cierta redistribución de la riqueza y que favorecían la igualdad social. En efecto, si se compara la situación siria con la egipcia, vemos que el nivel de pobreza es mucho menor en el primer caso (33% en Siria frente a 43% en Egipto)”. Ver: De Elvira, Laura Ruiz, Siria El largo camino hacia la revolución. En Revista de Estudios Mediterráneos, 2011.

[4] “La responsabilidad de proteger proporciona un marco político basado en principios fundamentales del derecho internacional para prevenir el genocidio, los crímenes de guerra, la depuración étnica y los crímenes de lesa humanidad y responder ante ellos. Está claro que el concepto ha sido ampliamente aceptado. Los órganos principales de las Naciones unidas han invocado el concepto entre ellos el Consejo de Seguridad y la Asamblea General”. Ver: Lobo, Juan Francisco. La intervención humanitaria ante las crisis en Libia y Siria: un estudio comparativo, En Estudios Internacionales No 173, 2012.

[5] LOVELESS Jeremy, “Crisis en el Líbano: ¿Campamentos para refugiados sirios?”  en Revista Migraciones Forzadas NO. 43, 2013”

[6]http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/09/150909_internacional_vecinos_siria_numeros_conflicto_interno_amv

*Politólogo de la Universidad Nacional de Colombia. Estudios de Posgrado en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario. Investigador de CESPCA.

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