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OPINIÓN: La Negociación con Pandillas en El Salvador

Por: Fredis Pereira*.| 26 de Agosto de 2016.

La negociación con pandillas es tabú o crimen para algunos, para otros es escapar del peligro y la forma de sobrevivir. También hay quienes negocian para perpetrar crímenes por encargo, y otros, para combatir el crimen. Además, recientemente se conoció cómo los políticos han negociado con las pandillas. Quienes están desconectados de la realidad, que viven en opulencia, en la comodidad de sus despachos, o que su única fuente de información son los medios sensacionalistas; pueden desconocer la vida en las comunidades y la relación de éstas con los pandilleros. Sin embargo, no busco promover estas prácticas, sino exponer lo cotidiano que resulta la negociación con pandillas en El Salvador.

La interacción con pandillas es inevitable cuando vives en comunidades que están bajo el control de estas y te es imposible cambiar de residencia. En El Salvador hay muchas comunidades contraladas por las pandillas, La Campanera de Soyapango es una de las más famosas. Las reglas para sobrevivir en estas comunidades imponen entre otras cosas la interacción con pandillas. Cuando uno llega a un lugar con fuerte presencia de pandillas, se los encuentra en los parques, en las calles, en las entradas de las escuelas… Los extraños que cruzan por estos territorios necesitan estar acompañados de algún conocido de la pandilla, pedir permiso o pagar por entrar en el mejor de los casos.

Un amigo me contó que pagó 25 dólares para entrar a uno de estos territorios. Los funcionarios, empleados, empresarios, entre otros, que trabajan en estas zonas conocen muy bien estas reglas, hay zonas donde algunos empresarios han preferido dejar de distribuir sus productos por esta situación.

Algunos ciudadanos han abandonado sus casas o han emigrado cuando han tenido los recursos para cambiar de residencia y evitar así la interacción con pandilleros. Esta realidad no la viven los señores magistrados, los diputados, los altos funcionarios de Gobierno, y aquellos ciudadanos que solo ven a los pandilleros en los medios de comunicación. La incapacidad de las autoridades de retomar el control permanente sobre los territorios y el sensacionalismo de los medios empodera a los pandilleros y pone en desventaja a la ciudadanía que inevitablemente interactúa con estos.

La negociación con las pandillas es opción de supervivencia, mientras el Estado es incapaz de garantizar seguridad y libertad a muchos ciudadanos. La situación de inseguridad ha forzado a empresarios, profesores, trabajadores… a negociar con pandillas, donde el factor de intercambio es entregar dinero (o hacer o dejar de hacer algo). Los pandilleros se atrevieron en varias ocasiones a ordenar paros del transporte público. La muerte ha sido la sentencia para aquellos que han incumplido las exigencias o que no han negociado. La obediencia al mandato de las pandillas se puede entender si recordamos que en diversas ocasiones empresarios del transporte público o sus empleados han sido víctimas de la violencia por no pagar extorsiones -los cuerpos de seguridad no les protegieron-. En estos casos la negociación es en condiciones de desventaja, tal como se aprecia en casos cuando niños han sido forzados a cometer crímenes o a integrarse a las pandillas. En las escuelas los pandilleros están dentro de las aulas, los profesores de las escuelas también han muerto por incumplir las exigencias de pandilleros. Por otro lado, quienes optan por negociar con pandillas, en medio de amenazas a muerte y la falta de protección del Estado, corren el riesgo de ser acusados de delito.

Ser miembro de pandillas es delito según la ley de proscripción de maras; quien negocia con pandillas, podría ser acusado de ser miembro. El Salvador repite prácticas de la guerra civil con la esta ley. Las pandillas no serán eliminadas por ley como tampoco se eliminó a los llamados terroristas de esa época. Quienes vivieron la guerra en territorios controlados por la guerrilla cuentan que colaboraban con la guerrilla, aunque sabían que era delito; unos lo hacían por temor a ser asesinados y también temían ser acusado de ser miembros de la guerrilla. Parte de mi familia vivió en territorio contralado por la guerrilla, uno de ellos me lo resumió así: Nosotros teníamos que hacernos del bando que estuviera en el pueblo para que no nos pasara nada. Las familias que viven en territorios contralados por pandillas sufren temores parecidos; una comerciante que vive en un territorio contralado por pandillas respondió encolerizada y reflejando terror cuando le sugerí denunciar. En los círculos de poder, detrás de un pódium o en la comodidad de la oficina de un funcionario, es obvio, que no se siente este terror; se considera descabellado pensar en la negociación, aunque la negociación con pandillas en los territorios es algo cotidiano.

El crimen organizado también negocia con las pandillas. Este tipo de crimen con poder de infiltrar gobiernos, comprar jueces y partidos. El crimen organizado, en El Salvador, ha logrado tener representantes en la Asamblea Legislativa, por ejemplo, el exdiputado suplente del extinto Partido Acción Popular (PAN), William Eliú Martínez, quien fue condenado a 29 años de prisión por narcotráfico en los Estados Unidos. El crimen organizado también ha utilizado a las pandillas para lograr sus propósitos. Los hechos más documentados son relativos al tráfico ilícito de drogas, el tráfico de armas y el sicariato; por ejemplo, en febrero de 2009, La Prensa Gráfica, reportó esta situación, citando como fuente al David Wolfe, subdirector de la Oficina para Asuntos del Hemisferio Occidental de la administración Obama. Esta vinculación continúa tal como se deduce del reportaje: Pandillas de Centroamérica: más peligrosas que nunca, publicado en enero de 2016 por el Centro de Investigación de Crimen Organizado, InSight Crime.

La negociación con criminales también la practica la Fiscalía y la Policía. Alguien que desconoce el sistema penal salvadoreño, quizá piense que es algo que no pasó o no debe pasar. En realidad la Fiscalía negocia con criminales, ofreciéndoles beneficios a cambio de colaborar en las investigaciones, es así como algunos pandilleros han sido considerados testigos criteriado, recibiendo beneficios por testificar, y dicho sea de paso, pueden decir cualquier cosa que les asegure beneficios. Los tribunales con frecuencia reciben el aporte de prueba basados en testimonios de pandilleros, y es así como algunos pandilleros negocian con las autoridades del sistema; la diferencia, en el mejor de los casos, es que se hace de acuerdo ley y que el poder de negoción está en las autoridades.

También los políticos negocian con pandillas. Durante el mandato del presidente Tony Saca, cuando se ejecutaba la política de seguridad Súper Mano Dura, una compañera de la universidad, que vivía en el municipio de Ciudad Delgado, me contó que durante las elecciones los políticos utilizaban a los pandilleros de su comunidad, que les prometían cosas que luego no cumplían. Recordemos que en estos años, con frecuente el partido ARENA acusaba al FMLN de tener entre sus activista a miembros de pandillas. Algo parecido sucedió en marzo de 2016, se filtró un video y un audio de negociaciones con pandilleros, en el cual ciertos políticos eran protagonistas. Por el partido ARENA aparece el alcalde de Ilopango, Salvador Ruano, y el diputado Ernesto Muyshondt, en clara negociación con pandilleros; mientras por el partido FMLN se filtró un audio en la cual se reconoce la voz del ministro de Gobernación, Arístides Valencia. En una entrevista con El Faro, Ernesto Muyshondt reconoció que si quieres ser político en este país tienes que tratar con las pandillas. Por otro lado, las investigaciones de la Fiscalía también aportan información sobre las relaciones de políticos con las pandillas -está en proceso el juicio del alcalde de Apopa y otros implicados-. La negociación de los políticos es menos justificable, sino cuestionable. Sin embargo no creo que sea objetivo vincular orgánicamente a los partidos con las pandillas.

Ahora bien, negociar con pandillas es inaceptable para la Sala de lo Constitucional; es obvio, que negociar al margen de la ley con delincuentes sea inaceptable. También recordemos que el cumplimiento de la ley significa garantizar educación, salud, trabajo, vivienda, seguridad, en fin, generar oportunidades para todos; pero sabemos que en El Salvador esto dista mucho de la realidad. Entonces ¿Hasta cuándo la negociación con pandillas seguirá existiendo? No se sabe, pero creo que seguirá mientras el Estado no garantice los derechos y libertades al pueblo salvadoreño.

*Formado en Administración de Empresas, con experiencia en proyectos de desarrollo local y en la administración publica. Con un Master en Gestión y Administración Pública en la Universidad de Alcalá, España. Este articulo fue inicalmente publicado el 11 de julio de 2016 en el Diario Digital La pagina de El Salvador. http://www.lapagina.com.sv

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