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OPINIÓN: Gestión Social ¿Más que damas de la caridad?

Por: Jaime Pineda Méndez*.| 26 de Septiembre de 2016

En el ámbito de la acción social existen muchas discusiones pasadas y presentes sobre lo social. Pero no voy a abordar ese tema sino que quiero plantear una breve reflexión sobre la gestión social en Colombia, y particularmente en el Caribe colombiano. En la eterna e inútil - a mi parecer- discusión entre ciencias puras y ciencias sociales sobre a cuales debe dársele mayor  importancia, la técnica nos dio la rueda; sin duda una gran revolución en la manera de entender el mundo. Sin embargo, Antanas Mockus nos dice que para él, el debido proceso es más importante que el invento de la rueda. Mucho más reciente el debido proceso para occidente significa la posibilidad de tener unas reglas claras de juzgamiento y que a nadie se le condene sin haber sido vencido en juicio. Es decir, hacemos unos acuerdos que todos respetamos y a los que nos acogemos sin distinciones de ninguna clase. Pero ¿a qué va todo esto?

En las líneas siguientes trataré de exponer una serie de razones por las cuales a la gestión social se le debe dar la importancia que se merece de cara a la nueva Colombia que intentamos construir en el marco de los post acuerdos con la guerrilla de las FARC. .

Es común que en nuestros municipios, grandes o pequeños, y ciudades nos encontremos con la figura de la gestora social; es decir, la esposa, madre, tía, sobrina del alcalde o gobernador o ex candidata  de algún reinado de provincia. Es decir, una especie de figura matriarcal, bonachona, de amable sonrisa pero sin ningún poder y decorativa. Eventualmente, y por necesidad, entregará algunos “mercaditos” a familias famélicas, sillas de rueda a discapacitados que por suerte hayan salido en la balota de los beneficiados, refrigerios y caramelos a niños y niñas en canchas polvorientas. Por supuesto la foto para las redes sociales no puede faltar y una frase de cajón que incluya a Dios y lo bondadosa que es dicha administración. 

A mi juicio estos hechos intrascendentes y a veces vergonzosos no son lo que debería reflejar una gestión social seria en las regiones. La gestión social es mucho más y tiene que ver con la capacidad profesional de liderar programas y proyectos, canalizar recursos humanos y financieros que tengan como objetivo impactar de manera positiva a las poblaciones a las que están dirigidas para mejorar su calidad de vida. Por supuesto, instalar, posicionar y fortalecer capacidades en la población. Propiciar procesos posibles en las comunidades para que estas ganen autonomía e incidencia política para que transformen sus propios territorio y población. 

En alguna ocasión, hablando de la situación de la inseguridad en Cartagena, escribí un artículo titulado Cartagena necesita mucho más en seguridad, en el cual básicamente planteaba que las cámaras, patrullas, armas y mayor pie de fuerza no son  suficientes para mejorar los problemas que esta ciudad tiene en términos de inseguridad, convivencia y todas las formas de criminalidad que conviven con los cartageneros, y que, a más de un año de la publicación de dicho artículo, no han mejorado. Los hechos recientes y repetitivos lo demuestran.  A la vez que se ataca a la criminalidad se debe atacar con igual o mayor rigurosidad sus causas; es decir, la pobreza, la desigualdad, la inequidad, la marginalidad. Esto no aplica solo a La Heroica sino a todas las otras ciudades del Caribe colombiano que viven igual o peores situaciones.

¿Y entonces cuál es la respuesta? Apostarle de manera más contundente, con eficacia y eficiencia para obtener resultados efectivos, que impacten y generen cambios y transformaciones sociales de largo alcance. Más y mejor inversión social. 

Ya escucho las voces de aquellos críticos que dirán que lo social se centra en el asistencialismo, paternalismo, populismo -y todos los ismos que se les ocurra- a la entrega de bienes o servicios que solo generan dependencia y que no sirven de nada. Otros más conciliadores dirán que sí, pero que esos programas acarrean muchas problemáticas como que no llegan a quién debería, que se utilizan para otros fines como el clientelismo o la politiquería, etc,. Un gestor/a social profesional sabe esto y lo entiende pero no puede dejar de atender las problemáticas o realizar su gestión y propiciar acciones concretas que impliquen creatividad, focalización, refocalización de la población objetivo, diagnósticos de necesidades, lecturas de realidades, entre otras muchas metodologías que orienten de la mejor manera la política pública  o las acciones de los privados hacia las comunidades más vulnerables.    

Por supuesto se que la gestión social presenta algunos problemas que, desde el punto de vista de la política pública, son la mala planeación, poca participación de las comunidades, muchas veces la política es inoportunas, insuficientes, paternalistas o centradas en la entrega de bienes y servicios. En un análisis para los tomadores de decisiones de carácter técnico  encontramos poca o nula sistematización de la política pública, no hay evaluación de la misma ni seguimiento. Los problemas sociales se toman folclóricamente partiendo de la base de que no se pueden solucionar y a lo que solo se atiende con paliativos sin esperanzas reales de solución.

Sin embargo, la gestión social -o gerencia social para administraciones de corte corporativistas- es mucho más y tiene como retos superar las condiciones de pobreza, marginalidad y exclusión de gran cantidad de población que vive en las peores condiciones de miseria. Por supuesto, esto atendiendo a criterios de eficiencia y eficacia en el manejo de los recursos y apuntando a procesos sostenibles en el tiempo y no sólo a la mera atención. Hacia allá deben apuntar los programas, proyectos y planes  de acción sociales de las administraciones que quieran generar impactos en sus territorios. 

Para dar respuesta a lo anterior, los retos de la gestión social en el nuevo contexto colombiano tienen que ir más allá de la oficina de problemas comunitarios o sociales, el cuartico oscuro, frío y atiborrado de papeles apartado de una organización donde se ubica a la trabajadora social, o la oficina real o simbólica de la Primera Dama de alguna alcaldía; se requiere que los asuntos sociales sean encargados a profesionales con habilidades, talentos y aptitudes de liderazgo que gestionen cambios, que propicien la generación de conocimientos territoriales y poblacionales. Sacar la gestión social del lugar común del “colaboreme doctor/a” y ponerla en el camino de la garantía de derechos para toda la población.  

Un o una gestora social debe orientar, establecer criterios y dar lineamientos acerca de la mejor manera en la cual se deben afrontar los problemas de atraso, el marginamiento, la pobreza, la inequidad  y la desigualdad en un determinado territorio y comunidad. Las administraciones locales o las empresas privadas que quieran generar impactos con sus proyectos en la población, tendrán que disponer de recursos suficientes, talento humano calificado y capacidad de generar articulación entre los diversos actores que gravitan en un territorio determinado. Solos o aislados no se va a avanzar lo suficiente y si, casi que se garantiza, el desperdicio de recursos y tiempo, que finalmente es lo que menos tenemos.  

* Jaime Pineda es Politólogo de la Universidad Nacional de Colombia y es Director Ejecutivo del Centro de Estudios Políticos y Socioculturales del Caribe CEPSCA.

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