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ARTÍCULO: ¿Territorialidad en el Mar? Hacia el entendimiento de formas no continentalizadas de relacionarse con un espacio (Parte II)

Por: Fabio Enrique Ramírez Espitia*.| 05 de Abril de 2017

Territorialidades en disputa

Cuando el colombiano del continente llegó masivamente a las islas, trajo consigo una visión del territorio muy distinto al del raizal. El colombiano continental estaba acostumbrado a relacionarse con un entorno en el cual el mar no era necesariamente el eje central de su existencia. Su hábitat, entonces, se diferenciaba considerablemente de lo que en una isla podría encontrar.

Cuando el continental llegó se aseguró de tener un terreno en el cual comprar un lote y allí construir una vivienda. Esta situación fue uno de los desencadenantes de tensión con los raizales, pues los nativos isleños estaban acostumbrados a tener una casa amplia, generalmente con vista al mar, rodeado de familiares y con materiales de madera, a la usanza antillana. Así, mientras el colombiano continental quería establecer su nicho de concreto, como se hacía en el resto del país, el raizal se esforzaba por mantener unas formas de construcción que ya se veían opacadas. La construcción masiva, tanto de casas, como de edificaciones fue desplazando a los raizales de varios lugares de las islas (González, 2003, pp. 98-108).

Aunque este fenómeno no haya sido estudiado exhaustivamente, es evidente que las generaciones contemporáneas de San Andrés y Providencia no tienen un vínculo tan estrecho con el mar como sí lo tenían los raizales. El nativo, sobre todo el pescador, teje una relación más íntima con el mar que el migrante que se ha asentado en las islas. El hecho de que se haya criado en ultramar, en las faenas de pesca, que conozca los cayos y se relacione con un ecosistema rico y complejo hace que su perspectiva de lo que es su territorio sea distinta al del resto de los colombianos. El mar es el territorio que trasciende el mero espacio físico y pasa a constituirse en fuente de memoria histórica y de unión espiritual (Márquez, 2013, pp. 26-30).

Pero la globalización, el turismo salvaje y la colombianización han traído cambios que indefectiblemente provocan una fractura entras las generaciones pasadas y las de ahora en cuanto al modo de relacionarse con el territorio. Los cambios culturales tan agudos de estos procesos han supuesto que muchos jóvenes desarrollen intereses ajenos a la comunión íntima con el mar, y por influencia del turismo y de los migrantes, el océano pasa a ser más un elemento paisajístico que un factor de identidad. Peso mayor y contundente ha sido la influencia del narcotráfico de los últimos años en el estilo de vida de los jóvenes isleños:

Fue como cuando los narcotraficantes llegaron: los precios se elevaron mucho y al isleño le quedó la idea de que una buena vida era gastar en ropa de marca, andar en un carro bonito y con cadenas al cuello. Cuando esto no se puede, qué hace el joven: traficar armas, drogas, gasolina etc., para poder mantener este estilo de vida (Ramirez, 2013).

Bajo estos procesos tan complejos por los que pasa la isla confluyen varias nociones sobre el territorio. De ahí que sea arbitrario describir una sola forma de territorialidad que tienen los jóvenes isleños. Surge entonces la pregunta de ¿Cómo definir una “territorialidad” cuando las identidades son tan difusas? Cuando en el archipiélago pasa lo que el profesor Francisco Avella ha denominado “cosmos en pequeñas escalas”.

A pesar de estos “cosmos en pequeñas escalas” hay puntos en común que sobresalen cuando los jóvenes se encuentran lejos de su lugar de origen, pues se ven en la obligación de reinventar y de repensar su territorio, una vez se encuentran lejos de él y en una ciudad tan distinta como Bogotá.

Impresiones de los jóvenes isleños que residen en la capital

La tradición de navegar viene en mi familia desde hace mucho tiempo. Que yo sepa, desde mis bisabuelos. Ellos hacían sus largas faenas por las zonas de las islas caribeñas, como Islas Caimán, Jamaica, la Costa de Mosquitos, o sea, lo que hoy es Nicaragua. La vida suponía un arraigo profundo del mar, conocer sus caminos, sus peces y los vientos. (Franklin Brackman Powell).

Como se dijo, la investigación se concentró en los estudiantes isleños de la Universidad Nacional que residen en Bogotá. No hubo algún tipo de discriminación en las entrevistas que se hicieron en cuanto a la procedencia étnica de los jóvenes. Eso quiere decir que se entrevistaron por igual a jóvenes raizales, continentales que ha crecido en las islas, fifty-fifty[1], mujeres y hombres, sanandresanos y providencianos. Si bien esto dio un panorama diverso en las respuestas, también se encontraron respuestas comunes que resultaron muy valiosas para los objetivos del trabajo. Se hicieron, en total, veinte entrevistas que, si bien no significan una conclusión definitiva, sí supone un importante insumo para dar respuesta a los objetivos de este trabajo y generar más reflexiones. Acá se mostrarán los apartes de las entrevistas que resultan más ilustrativas y acordes con las preguntas que se formularon al principio de la investigación.

La tradición del isleño es ser un migrante

Los cambios en la isla, como se ha visto, han sido fuertes, pero hay algo que sigue siendo un rasgo cultural indeleble de los isleños: el ser migrantes. Quizás es la herencia navegante de los raizales, como de los demás pobladores que han venido de otras partes del mundo a vivir en las islas. Ser viajero está en la sangre de los habitantes de las islas. En todo caso, en el Caribe occidental, sobre todo en las islas antillanas, ha existido una fuerte tradición de migrar y embarcarse para conocer nuevos rumbos. Esa tradición también se afianzó en San Andrés y Providencia. Es decir, es un proceso recurrente en sociedades insulares (Márquez, 2013, p. 49). Los jóvenes de antaño se dirigían generalmente a ciudades anglocaribeñas o anglófonas por la cercanía cultural. Ahora la migración se ha volcado notoriamente a Colombia, principalmente por jóvenes que desean estudiar.

Es necesario reiterar, aunque ya se haya comentado antes, que la población de San Andrés es muy diversa, así igualmente la que logra ingresar a la Universidad Nacional de Colombia. Hay raizales que dominan la lengua nativa, el creole, hay fifty-fifty, colombianos del continente, afros, blancos y algunos isleños con herencias árabes. A pesar de eso se pueden apreciar emociones y pensamientos comunes. Es de anotar que varios de los jóvenes entrevistados nunca salieron de las islas, otros lo hicieron pocas veces y los menos la hacían recurrentemente porque tenían familiares radicados en el continente.

Enriquecer nuestras nociones sobre lo que es un territorio

Cuando se está en la isla la percepción de los problemas cambia mucho. En la ciudad se siente el frenesí, el miedo en la gente y de que a cualquier problema haya un atraco. En San Andrés hay problemas de inseguridad pero no tanto como acá. Además el clima: allá uno está siempre sintiendo la brisa, y andamos en ropa de playa así no vayamos a nadar. El mar siempre está ahí como una forma de dar tranquilidad. Acá se siente un poco más el estrés. (Juan Diego, estudiante de Ingeniería de Sistemas)

Ante la pregunta sobre las diferencias que significa habitar una isla o en el continente, en este caso Bogotá, las respuestas se diferencias más en la forma que en el contenido. Es recurrente la alusión a la tranquilidad del mar, el estilo de vida más sosegado, el clima, la vida estresante y agitada de la ciudad y el trato con las personas. Pero es notable que los choques culturales no sean tan violentos como los que vivieron sus padres o abuelos, pues la mayoría de los jóvenes, sino todos, dominan a la perfección la lengua española y por influencia de la globalización y el turismo se han acostumbrado a tratar personas de distintas culturas y procedencias.

Mira, cuando uno piensa en cosas como territorio y territorialidad en San Andrés pues piensa en su isla, claro, pero también en el mar, en la playa y así en todo: los corales, los peces, etc. En mi caso porque cuando yo era pequeño acompañaba a mi papá a pescar. Acá en Bogotá pues uno se da cuenta de lo hermosa que es nuestra isla. Antes yo venía muy prevenido a Bogotá: pensé que era lo peor que me podía pasar pero que debía venir para estudiar, pero ahora me ha gustado y me ido amañando. Claro, la gente es más prevenida, vive con más miedo y a uno pues se le pega eso, pero igual es bacano. Y yo digo que a uno le hacen falta esas cosas, y eso que yo me identifico como sanandresano, mas no como raizal, porque mis papás vinieron de la Costa Caribe de Colombia, es decir, yo nací acá pero ellos vienen de otra parte. (Erick Betancurt, estudiante de Sociología)

En la respuesta de este último estudiante se evidencia, aparte de sus alusiones al mar y al oficio de pescador, un aspecto que ya se ha mencionado varias veces acá: el factor de la diversidad y las desavenencias étnicas. Este no es un tema menor, pues entre la misma población insular hay diferencias marcadas y los jóvenes no son ajenos a esta realidad. De hecho, en las respuestas que daban los estudiantes siempre salía a flote el origen étnico: si se era raizal o no, si se dominaba el creole o no o si la genealogía autorizaba hablar con más o menor propiedad. Es claro que este punto es fundamental y que da para una investigación aparte, pero no se puede soslayar cuando se trata de entender las diferentes formas de asumirse como isleño y de relacionarse con su territorio. Al respecto Salmo Torrenegra comenta:

Respecto a la isla, francamente hay que ser sincero frente a las cosas que toca hacer. Primero deberíamos eliminar ese maldito imaginario de raza y procedencia, que eso es lo que no nos deja avanzar y crecer como comunidad. Ese estar pendiente del apellido y que si este no es de una fono (modo de hablar) anglosajón, al portador de esta no se le tiene en cuenta su opinión; que si es “paña”, no puede hablar creole, porque le quita peso a la lengua, en vez de colocarse orgulloso porque la tradición oral no ha perdido fuerza. Ese intentar de una restauración de la cultura encerrándose a la idea de que es diferente esta contra ellos (que si bien suena exageradamente absurdo, sucede más de lo que se imagina en esos 27 km cuadrados), si todos escucháramos aquellas ideas independientemente al barrio del que se viva para poder vivir mejor y en armonía, ahí si existiría un peso a la hora de mostrar las problemáticas a nivel nacional, porque también toca recordar que todas las zonas del país tiene problemas iguales o mayores; mostrar que se es un pueblo homogéneo y que es la diferencia cultural bajo los intereses comunes y los problemas que nos afectan a todos es lo que nos hace iguales, para ahí sí decir que se puede luchar por lo nuestro o lo que nos compete. (Roy Salmo Suárez Torrenegra, estudiante de sociología, cursivas del autor.).

Lo que dice este último estudiante constituye el sentir de un amplio sector de la población joven de las islas. Son muchos los que se sienten incómodos con estas diferenciaciones y, a la postre, es en gran medida lo que impide actuar al pueblo isleño hacia objetivos comunes. Lo cual hace difícil también dilucidar un concepto más o menos homogéneo de territorio y territorialidad. No obstante, así como lo menciona el estudiante Salmo, son muchas las cosas en común que permitirían hacer comunidad. Y hacia ello apuntan varios estudiantes al referirse al mar, a la posibilidad de que el archipiélago se convirtiera en una nueva entidad territorial, o a lograr mayor autonomía. Tres factores que se hacen reiterativos en las opiniones de los jóvenes:

En San Andrés las cosas son bien distintas a Bogotá. Se siente uno más seguro y no es tan común ver a gente drogándose en las calle ni a tantos indigentes, aunque los hay, claro. Pero en San Andrés la gente, sobre todo nosotros los raizales, no nos dejan decidir sobre nuestras cosas. Por ejemplo construyeron la Peatonal del Centro o los grandes Hoteles y no les preguntan antes a los raizales qué piensan de esos proyectos. El Hospital, por ejemplo, está olvidado y aunque sea muy grande y todo, de qué sirve tenerlo así si la gente va y le toca es irse al continente porque acá no hay condiciones para ser bien atendido (Hamilton Britton, estudiante de Ingeniería Electrónica)

Los reclamos de autonomía también están presentes en las respuestas de los estudiantes. A pesar de las diferencias, de los distintos modos de pensar y los orígenes, la mayoría es consciente de que el archipiélago debería tener un estatus distinto al resto del país; sin embargo, no usan ninguna figura política o legislativa para señalar esto, solo hasta que el entrevistador hace alusión a otras formas de organización territorial: región insular, distrito especial, región autónoma, etcétera.

 ¿Región caribe o región insular?

San Andrés debería convertirse en región. La Costa Caribe es continente, es distinto por más de que, incluso en la misma Costa Caribe continental nos quieran ver como costeños y más aún en el interior andino. Hay una característica fundamental que nos diferencia del Caribe continental: allá no hay islas, y las islas que hay no son oceánicas. Esto nos da un perfil totalmente diferente, y esto qué significa: que tienes que darte autonomía frente a la naturaleza. Digamos, una típica isla continental como Manhattan: en ella puedes copar toda la isla de urbanizaciones y acabar con todos los árboles, pero a escasos dos minutos está el continente. Pero, ¿tú te imaginas a San Andrés sin árboles, sin cocoteros? Nos morimos todos. El Voto Caribe y la Región Caribe vendieron una idea de homogeneidad, lo cual es totalmente erróneo. Pienso que tendríamos más choques con región Caribe, tal y como se planteó en su momento, que como estamos actualmente. Lo que nosotros necesitamos es desarrollar alto grado de autonomía para que la conectividad con el centro sea una correlación y no una imposición y así nosotros poder establecer el tipo de política que requiere una zona de mar, una zona de región insular. Es la continentalización lo que retrasa el porvenir de nuestras islas, no importa que sea Bogotá o Cartagena. (Ramirez, 2013b, cursivas del autor).

Al revisar las anteriores opiniones y las referencias que se han citado hasta el momento, se puede apreciar que se ha establecido la relación entre mayor autonomía con un reordenamiento territorial del archipiélago. Y en efecto se cree y se dice oficialmente que San Andrés islas es un departamento de la costa Caribe colombiana. Sin embargo, esta afirmación raramente se suele matizar. Lo cierto es que la mayoría de los colombianos tienen una visión bastante estrecha del archipiélago, pues ven en él, por lo general, una zona de blancas arenas, hoteles lujosos, un mar azul para reposar y unos exóticos costeños rastafaris que siempre están contentos. En últimas, una suerte de departamento para vacacionar, comprar mercancías y tomar fotografías. Pero lo cierto es que este departamento es, como ya he se ha mostrado acá, mucho más complejo que lo que suelen mostrar los catálogos turísticos. Estas realidades generan más preguntas en relación con este trabajo, pues si existen todas estas diferencias señaladas: ¿cómo las han abordado los jóvenes a lo largo del tiempo? Si se sienten en un espacio con características tan peculiares, ¿qué hace falta para asumir las tareas de constituirse en una nueva región colombiana?

Las respuestas en las entrevistas de los estudiantes hacían repetidas menciones a estos hechos, de modo que constituyó en una importante fuente para relacionarlo con el modo de asumir su territorio y territorialidad. La autonomía y el modo en que se podría reorganizar el territorio insular son, pues, aspectos que se toman en cuenta al radicarse en la ciudad y cobran nuevas aristas.

Considero que San Andrés debería ser una “región autónoma”, porque tiene cualidades de departamento que se diferencia mucho de las demás regiones y en este caso de la región Caribe, la cultura, economía y modo de vivir, entonces los tratamientos y procesos deben ser tratados de diferente manera, pero en el caso de San Andrés por el hecho de estar tan alejada del continente, y de estar habitada por una comunidad étnica Raizal debe ser autónoma. (Julibeth Ortiz, estudiante de Economía)

Es importante señalar que la mayoría de los jóvenes encuestados están de acuerdo con lograr mayor autonomía y nuevas formas de organización territorial, pero en ningún caso hablan de separación definitiva de Colombia. Argumento con el cual el Estado suele estigmatizar a gran parte de la población insular. De otra parte es interesante anotar que este tipo de opiniones tienden a ser mejor elaboradas en la medida en que los estudiantes logran salir de las islas y tener una perspectiva más amplia del país. “Pues para mí sí debería seguir siendo parte de la Región Caribe, aunque tratándose como caso especial pues no somos iguales que la costa Caribe colombiana. Podría ser, digamos, como una región insular” (Violeta Posada, estudiante de Biología).

El archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina deberían tratarse como una región autónoma e independiente a la región Caribe continental colombiana, una región insular. Esto, debido a que el origen del proceso de colonización es totalmente diferente una a la otra, al archipiélago llegaron personas angloparlantes y holandesas, a diferencia de la costa caribe, los cuales en su gran mayoría fueron españoles. También en el hecho que las coyunturas de carácter social, económico y/o ambiental que se presentan en el archipiélago, no pueden ni se deben homogenizar en relación al Caribe continental colombiano. (Roy Salmo Suárez Torrenegra, estudiante de Sociología)

También hay opiniones que van por la misma tónica pero que consideran no es viable este tipo de propuestas:

Yo pienso que sería bueno que nuestra isla se convirtiera en una región y así conseguir más autonomía. Pero es difícil y entonces pienso que ahora es mejor seguir siendo de la Costa Caribe de Colombia. Esto porque ya llevamos muchos años así y pues sostenernos como una sola región nos quedaría difícil. Pero yo creo que hacia futuro sería una buena idea. (Megan Barker, estudiante de Administración de Empresas)

Respecto a la autonomía, entendiendo la misma como: la capacidad de autogobierno, al margen del gobierno central con competencias específicas propias. Pienso, como nativo de la isla, que es fundamental para el óptimo desarrollo intelectual, cultural y socioeconómico de las mismas, teniendo en cuenta la posición geográfica y el devenir socio histórico de las mismas, lo cual las enmarca en un contexto totalmente diferente del territorio continental colombiano. Por lo cual dicho territorio debe ser dirigido por aquellas personas que son propias del mismo. Aunque para llegar a esto creo que se necesita un proceso muy largo. (Erick Betancurt, estudiante de sociología)

Aunque las entrevistas con los estudiantes fueron extensas y constaron de variadas preguntas, se consignaron acá en dos bloques los temas que más se relacionan con nuestro propósito y con el del seminario. Al revisar las respuestas que dan los estudiantes, unas más claras que otras, queda la evidencia de que los jóvenes establecen un modo de relacionarse con su territorio en la medida en que reinterpretan su historia, su geografía y el acontecer social de las islas. De este modo, mencionan las diferencias que supone vivir en el continente, más en una ciudad como Bogotá, y también los mecanismos que se podrían usar para lograr mayor autonomía, que parece ser la exigencia de siempre del pueblo insular.

Lo que expresan los estudiantes lleva a la necesidad de repensar los conceptos que nosotros tenemos de territorio, territorialidad, continente y región pues a todas luces son conceptos estrechos que no aplican con tanta facilidad en un archipiélago. En este punto vale la pena citar los trabajos de Fady Ortiz, isleño y abogado de la Universidad Nacional, quien vivió también el hecho de trasladarse desde la isla hasta la capital y que retomando las palabras de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos intenta dar una visión amplia de lo que es el territorio y la territorialidad:

La ocupación de un territorio por parte de un pueblo o comunidad indígena no se restringe al núcleo de sus casas de habitación, por el contrario, el territorio incluye un área física conformada por un núcleo de casas, recursos naturales, cultivos, plantaciones y su entorno, ligados en lo posible a su tradición cultural. (CEPSCA, 2013, cursivas del autor).

Algunos estudiantes se han apropiado de esta forma más compleja de entender el territorio. No obstante, muchos aún desconocen la tradición, riquezas y problemas del departamento-archipiélago. Debido a ese vacío, varios miembros de la comunidad de las islas se han reunido alrededor de orfa (Organización Raizal por Fuera del Archipiélago - http://www.orfaonline.org/). Estudiar el trabajo y la historia de esta organización escapan a los propósitos de esta investigación, aun así, es importante señalar que alrededor de orfa se han agrupado varios jóvenes de la capital que estudian en la Universidad Nacional. En orfa se hacen proyectos para afianzar la comunidad isleña en el continente, sobre todo la que está en Bogotá y, gracias a ello, se han logrado avances importantes: la Semana Raizal, el mantenimiento de lazos culturales y el encuentro con los coterráneos. Lo anterior es una forma para recrear la vida isleña en un ambiente diferente como es Bogotá.

Esta forma de juntarse entre coterráneos para, de algún modo, no perder los lazos que los mantiene unidos a un territorio común, también se manifiesta en las redes sociales. Particularmente en Facebook son muchos los jóvenes de San Andrés y Providencia que están al tanto de las noticias sobre su isla y, como ocurre hoy día, parece que expresan más sus reivindicaciones, alegrías y preocupaciones por la isla en esta red social, que en la vida real. Así, se crean grupos, eventos y reuniones para compartir movilizaciones, música, artículos y todo lo que les competa a ellos y a la isla

 Conclusiones y reflexiones finales

Este artículo es el reflejo del trabajo hecho a lo largo del semillero del Observatorio Javeriano de Juventud de la Universidad Javeriana, que este año estaba enmarcado en el tema de Jóvenes y Territorios. De modo que en ningún momento se formuló para sacar una investigación concluyente y definitiva, sino para aportar al conocimiento del archipiélago de San Andrés en general y de la relación entre jóvenes y territorios en particular. Las conclusiones que acá se presentan se deben asumir mejor como unas reflexiones finales que enriquezcan el debate y generen nuevas preguntas y proyectos enfocados en nuestro único departamento de ultramar.

Son varias las reflexiones que deja este trabajo. En principio, es importante destacar lo que en términos epistemológicos y conceptuales puede sugerir esta investigación. No es un asunto trivial, entonces, enfatizar lo obvio: los conceptos de territorio y territorialidad que tienen los jóvenes varían notablemente a los del resto del país. ¿Esto qué quiere decir? En términos generales, que tenemos una visión continentalizada del concepto de territorio y territorialidad. Y esto, ¿cómo se expresa? Como se ha visto acá, la historia, la geografía, las políticas públicas, el Estado y el turismo han operado bajo esa misma visión. Transportamos nuestras visiones y formas continentalizadas de relacionarnos con un territorio a un espacio que no es continental, a un espacio que está rodeado por todos lados de mar. Hay maneras de acercarse a un territorio de esta índole. Es muy probable que conceptos como insularidad y maritimidad sean más apropiados para estudiar el archipiélago, que con los conceptos, categorías y análisis con los cuales se suele estudiar el continente. Las distorsiones sobre el territorio archipielágico que se muestran más arriba en los mapas, son solo una proyección gráfica de las distorsiones que existen en términos epistemológicos.

Un caso específico ha sido el accionar del Estado. Las políticas públicas y las defensas diplomáticas tan pobres han sido consecuencia también del poco conocimiento que este tiene del mar. Los habitantes que el Estado estimuló para que poblaran las islas no traían consigo una relación íntima con el mar. Los jóvenes que están radicados en la ciudad son herederos de esta desazón frente al Estado, y aunque no lo dicen con argumentos ni terminología elaborada, sí son conscientes de las diferencias que históricamente han tenido con el resto del país. Y, de la misma forma, esa diferencia se expresa en los modos en que entienden su territorio, así se encuentren tan lejos y en una ciudad tan ajena como Bogotá.

Para los estudiantes de San Andrés y Providencia referirse a su territorio es algo complejo, pues no pueden sintetizarlo en pocas palabras o referirse a él con una jerga sofisticada. Apelan, más bien, a los usos que da la nostalgia y la memoria. No obstante las diferencias étnicas y de procedencia, las opiniones giran en torno a identificar su territorio con la añoranza del mar, la brisa y la tranquilidad.

Cuando los jóvenes llegan a una ciudad como Bogotá repiensan su archipiélago. Ante las preguntas sobre el ordenamiento territorial de las islas, queda como polémica si la actual figura territorial es la apropiada. Es cierto que existen muchas diferencias al interior del pueblo isleño, pero siempre hay una palabra presente, un reclamo recurrente: la demanda de mayor autonomía. Y esta autonomía, en términos territoriales, se transforma en propuestas para darle un nuevo estatus geográfico a San Andrés y Providencia. A lo largo de la historia, las islas han tenido un cambio más de carácter administrativo que de ordenamiento territorial. Fue provincia, luego intendencia y por último departamento. En todos los casos los cambios se han dado para reclamar más autonomía, pero aún gran parte de la población siente que no es suficiente.

La mayoría de los jóvenes piensa que constituir al archipiélago en región insular supondría una mayor autonomía para el pueblo isleño. De las respuestas que los estudiantes dieron se deduce que empezar a entender al archipiélago como región, le daría a las islas una nueva identidad y una nueva forma de sentir orgullo y apropiación por su territorio. La concepción de un territorio como región daría a sus habitantes más herramientas para entender su lugar en una nación que se autoproclama pluriétnica y multicultural. Daría a sus habitantes mayor poder para decidir sobre su futuro, sus problemas y su papel en el concierto de las demás regiones colombianas. Y una geografía insular ayudaría a entender al resto de la población colombiana que el archipiélago no es un territorio continental y le daría al extenso mar sanandresano el valor que merece en el concierto de las potencialidades del país.

Por último, es importante mencionar el peso que tiene la memoria en la vida de los estudiantes. A través de la memoria se tejen redes de solidaridad, asociaciones, encuentros y formas de mantener vivos los lazos de amistad, compañerismo y educación. La memoria es el vehículo que permite hacer comunidad en la ciudad y sentir próximo un territorio que se encuentra tan lejano.

Referencias

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Notas

[1] Se llama así a los isleños que tienen un progenitor raizal y otro continental.

*Sociólogo, Universidad Nacional de Colombia. Este artículo contó con el apoyo y acompañamiento de los jóvenes isleños y estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá: Zuleika Suárez Torrenegra, Salmo Suárez Torrenegra y Erick Betancurt Pérez. Dir. electrónica: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla..

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