PETRO Y PROCURADOR: Una Pelea Enraizada en la Historia Nacional

Por: Enoïn Humanez Blanquicett l 06 de Febrero de 2014

La destitución del alcalde de Bogotá Gustavo Petro por parte del Procurador Alejandro Ordoñez representa un choque telúrico profundo entre los dos ideales de nación, que han enfrentado a las élites del país a través de la historia. En un campo se alinea la corriente tradicionalista, orientada por una concepción patrimonial del Estado y defensora de un orden basado en los conceptos ‘‘Dios y patria’’, inspirados en el lema del carlismo: ‘‘Dios, patria, rey’’, que unificó a las fuerzas contrarrevolucionarias de la Santa Alianza en el Congreso de Viena. En el otro están las fuerzas que encarnan el ideal de la modernidad.

Guardando proporciones y sin simplificar, se podría esbozar la hipótesis de que los discursos que chocaron con rudeza en la Europa decimonónica son los mismos que chocan con ardor en el affaire Petro y la revocatoria. Si se revisan cuidadosamente los argumentos del procurador, sus colaboradores y defensores en los medios, encontramos una visión aristocrática de la sociedad y del Estado, que marcha de espalda a los tiempos que corren.

Para ejemplificar ese punto traigamos a colación casos precisos. El primero es una columna de Mario Fernando Prado, donde se sugiere que Petro aliado con ‘‘una turba enardecida’’ terminará perpetrando ‘‘otro 9 de abril’’ en Bogotá. En segunda instancia están las voces que sugieren que la tutela fue ‘‘puteada’’ por los petristas. Quien mejor resume esa postura es Guillermo Rodríguez, quien califica el recurso masivo a la tutela de los seguidores del acalde como una “tinterillada”. En opinión de Felipe Zuleta, eso condujo a la ‘‘puteada’’ de la tutela, logrando perpetuar a Petro en su puesto. Según este punto de vista estuvo mal que los partidarios del alcalde: ‘‘la turba’’, hagan valer sus derechos, pues éste no ha administrado ‘‘Bogotá con equilibrio, respeto y sobre todo humildad’’. Según ellos, Petro debe aceptar, sin gritar, que se ‘‘lo metan sin vaselina’’, como dijo una vez Ordoñez, pues es un ser arrogante y ‘‘un mal alcalde’’.

Esta pelea ha tenido en los últimos 130 años varios momentos claves. El primero fue la expedición de la constitución de 1886. Con ella se puso una talanquera de 40 años al proyecto modernista, que perdió toda posibilidad de intervenir en los destinos del país en la Guerra de los mil días. El segundo momento se dio con la llegada del liberalismo al poder en 1930. En ese momento la Revolución en marcha inició un proyecto modernizador, que llegó a su fin el 9 de abril de 1948. En l950 el ala más radical de las fuerzas tradicionales tomó el poder. Su proyecto bandera fue cambiar ‘‘el fundamento ideológico del Estado’’. En 1953 la caída del régimen inauguró una etapa que duró hasta la expedición de la constitución de 1991. Comenzó allí un periodo, que ha permitido la entrada de nuevos actores sociales a la escena política. Esto no ha sido de buen recibo por los estamentos tradicionales que, valiéndose de todas las formas de lucha, han querido revivir el viejo régimen.

El escándalo de la parapolítica, que diezmó las fuerzas estamentales, la caída de la segunda reelección de Uribe y la elección de Petro a la alcaldía de Bogotá han propiciado este nuevo choque telúrico, cuyos efectos moldearan la historia nacional en los próximos 20 años.

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